Cuando comenzó a perderse el miedo al sistema comunista, la mayoría de los empresarios occidentales se lanzó al filón de oro que, en un principio, parecían todos estos mercados. Sin embargo, la euforia empresarial de los primeros momentos ha venido seguida de una contrastación con la realidad. En países poco equipados, mal abastecidos y con escasa capacidad consumidora, el lanzamiento de nuevos productos o la instalación de plantas de fabricación ha de realizarse con evidente lentitud. Sin embargo, se ha iniciado un camino sin retorno. La publicidad, que acompaña a los sistemas capitalistas, se dirige a un consumidor virgen que hay que educar.
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