El estudio de la toponimia se puede considerar como la plasmación en las fuentes escritas de la ocupación de un territorio. Si se afronta la evolución de la grafía de un topónimo concreto estamos vislumbrando la utilización que se ha hecho del mismo desde diferentes estadios culturales. Para el caso de Teba, nos encontramos que si seguimos el orden lógico de la temporalidad, ha de escribirse en latín, en árabe, en castellano antiguo y lógicamente en la forma de castellano actual. Es precisamente esta argumentación el hilo conductor del presente artículo, que pretende abrir ventanas o nuevas perspectivas a la hora de afrontar el estudio de la historia local.
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