Ana Merino reconoce ser más nómada que viajera, sentirse cómoda en cualquier sitio. Con sus versos intenta transmitir esa sensación al lector, para que éste se sienta identificado con cada lugar que ella construye. Su último esfuerzo en este terreno son los poemas de La voz de los relojes (Visor 2000), un poemario con el que la autora madrileña completa un ciclo del que forma parte Preparativos para un viaje(Premio Adonais, 1994) y Los días gemelos (1997)
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