Una historia de amor narrada en paralelo al lamentable y doloroso precedente de pruebas de maquinaria bélica realizadas sobre población civil ha servido a Koldo Serra para llevar por vez primera al cine el bombardeo que sufrió la ciudad de Guernica en 1937. Un rodaje de siete semanas y media y un gran recorte en el presupuesto inicial condicionaron un proyecto que a nivel fotográfico Unax Mendía se propuso contar siguiendo la ruta marcada por el uso de tonos ocres, en primer lugar tonos fríos después y, al final, desaturación y uso del contraste.
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