Contar la verdad parece ser la razón fundamental por la que Agustín García Simón ha decidido volver a Valcarlos (nombre figurado de un centro correccional de menores, en el que trabajó como educador) después de veinte años. Testimonio y literatura se confabulan en un libro que no trata de ajustar cuentas con la memoria, sino posibilitar que esa verdad, camuflada por el tiempo, no quede sepultada.
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