Los solitarios pretendían alcanzar esa ciencia escondida que Dios llega a infundir a las almas que se encierran en la quietud y se apartan del mundo. Imbuidos de ese espíritu, no pocos anacoretas se arracimaron desde antiguo en la sierra cordobesa. Su presencia aislada llegó incluso a cambiar el topónimo, que de Cerro de la Cárcel ha pasado a conocerse como Desierto de Nuestra Señora de Belén. Ésta es su historia, cuya huella sigue presente entre nosotros.
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