Tras la conquista de la ciudad de Sevilla por los castellanos en 1248, siguiendo la forma habitual de actuación, su Mezquita Mayor se destinó a sede principal del culto cristiano. El edificio, a diferencia de lo que había ocurrido en Córdoba, era de relativa reciente construcción. Apenas hacía cincuenta años de su terminación y, pese a su tamaño y monumentalidad, distaba mucho de haber adquirido la fama y admiración que seguía despertando la aljama cordobesa, que tan sólo 12 años antes había sido consagrada también como templo cristiano.
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