Suenan las campanas de la catedral. Gamoneda ya no se asoma a los balcones, ahora es un hombre de puertas adentro. Lo fue siempre, con una introspección que hace su poesía espesa, fieramente humana. recupera al niño desconcertado, morbosamente atraído por la guerra que coloreaba en su mente las imágenes de una España negra en su "Ninez" (Clambur), mientras mantiene el asombro gracias su nieta y la voluntad impensada de sobreponerse con ese hipertensor de riesgos que es el verso.
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