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1939-1953, arte y arquitectura en España. Olvido y recuerdo de "lo abstracto"

  • Autores: Gillermo Zuaznabar Uzkudun, Juan Fernando Ródenas García, Manel Ferrer Sala
  • Localización: I Congreso Pioneros de la Arquitectura Moderna Española: Vigencia de su pensamiento y obra: Actas digitales de las Comunicaciones aceptadas al Congreso. / coord. por Teresa Couceiro Núñez, 2014, ISBN 978-84-697-0296-3, págs. 1019-1026
  • Idioma: español
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  • Resumen
    • La siguiente comunicación analiza los motivos por los cuales el régimen “olvidó” el arte y la arquitectura “abstracta” (1939-53). Las razones por las cuales posteriormente “recordó” aquellas formas abstractas de origen moderno (1953). Y, finalmente, el papel que en esta transformación desempeñaron los “pioneros de la arquitectura moderna española”, alumbrando su desarrollo.

      Finalizada la contienda en España, pero iniciada la Segunda Guerra Mundial en Europa, durante catorce años, España, queda aislada del orden internacional. Este aislamiento condiciona la evolución de su arte y su arquitectura. En este periodo, el lenguaje representativo del régimen es figurativo y monumental, lejano a la modernidad. Las formas abstractas quedan relegadas, si bien unos pocos arquitectos y artistas emplean “lo abstracto” y las relaciones entre las disciplinas artísticas, conectando con propuestas del movimiento internacional y las vanguardias. Entre estos se encuentran los arquitectos como José Luis Fernández del Amo, José Antonio Coderch, o el mismo Alejandro de la Sota; y artistas como, Antoni Tàpies, Jorge Oteiza, Mathias Goeritz o Ángel Ferrant, respaldados por la colección de la familia Huarte, o establecimientos como la Libreríagalería Buchholz en Madrid. Puede afirmarse que en esos catorce años de aislamiento, gracias a esos artistas y arquitectos, se conservaron ciertas condiciones estéticas, que luego, a partir de 1953, permitieron retomar el curso del arte y la arquitectura internacional en España.

      Tras la firma del convenio hispano-norteamericano en Madrid, 26 de septiembre de 1953, el régimen sale del aislamiento para entrar en la orden de los países occidentales. El cambio de situación supone un cambio en los gustos y usos estéticos de la oficialidad. Tras la guerra, gracias a la diáspora de intelectuales y comerciantes de arte europeos, Nueva York se sitúa como capital del arte moderno, y emplea el “arte abstracto” como estilo representativo del bloque occidental. Así, el gusto y uso de “lo abstracto” son también asumidos por las élites en España, abriéndose públicamente artistas y arquitectos a las propuestas de raíz moderna1. En este momento (1952) se produce la división del Museo de Arte Moderno en dos: el Museo Nacional de Arte Moderno (s. XIX) y el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (s.XX); en 1953 el Congreso de Arte Abstracto de Santander, organizado por José Luis Fernández del Amo, define la nueva posición del régimen respecto al arte. En esta evolución de la aceptación de “lo abstracto”, pueden señalarse como proyectos significativos: el Pabellón de España en la IX Trienal de Milán (1951), José Antonio Coderch y Rafael Santos Torroella. La Basílica de Nuestra Señora de Aránzazu (1949-54/69), Francisco Javier Sáenz de Oiza, José Luis Romany, con la colaboración de Jorge Oteiza. El Gobierno Civil de Tarragona (1957) de Alejandro de la Sota; y el Pabellón de España en la Exposición Universal de Bruselas (1958); José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún.

      Palabras clave: Arte, arquitectura, estética, abstracción, estilo.


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