En 2100 tal vez hayamos podido erradicar el cáncer, pero el horizonte de la inmortalidad permanece tan quimérico y lejano como siempre. Incluso con máquinas de una potencia de computación literalmente galáctica, el cerebro humano seguiría siendo el mecanismo más complejo del universo conocido. Del optimismo al pesimismo científico, quizás no haya los apocalipsis que algunos auguraban
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