A principios del siglo XIX, la anatomía del megaterio desafiaba la comprensión de los especialistas europeos y era calificada de extraordinaria, maravillosa y aberrante. El método comparativo del naturalista francés Cuvier, que permitió avanzar esa comprensión, condujo a que, en cambio, fuera considerada armoniosa. El megaterio sirvió así para demostrar la validez de una visión finalista, como la del nombrado, para conocer el orden natural. La descripción del megaterio se convirtió de esta manera en un episodio destacado en la historia de la anatomía comparada.
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