Santiago, Chile
Cuando el estadounidense Lewis Mumford publicó su libro La ciudad en la historia, en 1961, marcó un hito respecto a trabajos históricos sobre la ciudad. Su libro impactó especialmente por ser un inédito, serio y monumental esfuerzo por resumir y problematizar miles de años en la historia del desarrollo urbano, desde la antigua Grecia hasta la época contemporánea. Pero no sólo eso: según el urbanista Arturo Almandoz, se trataba de una postura "evolucionista y organicista", que ya desde décadas anteriores entendía a la ciudad, en palabras de Mumford, "como un hecho de la naturaleza, lo mismo que una cueva o un hormiguero". En este sentido, adscribía a una postura cercana a la del biólogo Patrick Geddes, en tanto comprendía a la urbe como un órgano.
Las raíces de La ciudad en la historia se encontraban, desde luego, en las décadas anteriores de la producción mumfordiana. Por ejemplo, en La cultura de las ciudades (1938), o en el artículo "¿Qué es una ciudad?", de 1937. Es cierto que el trabajo de Mumford apuntó a discutir las soluciones urbanísticas y arquitectónicas planteadas, entre otros, por el Movimiento Moderno. Le Corbusier -a quien Mumford destaca por su proyecto urbano de Nemours, en África del Norte- al igual que Mies van der Rohe y Frank Lloyd Wright, se encontraban en plena actividad profesional, lo que sumado a nuevas tecnologías, hacía de ese ambiente de debate uno de los más ricos del siglo XX. Por ello, la tarea de este sociólogo e historiador estuvo enfocada a la discusión de problemas derivados de la metropolización que por entonces se desarrollaba en las principales ciudades occidentales. Y de esos procesos, para Mumford los centrales eran aquellos relacionados con los efectos más desintegradores e inquietantes de la ciudad de la época industrial. El autor de Décadas oscuras temía por el efecto de la desintegración y fragmentación social, y en orden a ello se explica su intento de revalorizar la integración mediante urbes planificadas. Por cierto, la integración de planificación y mercado no fue sencilla ni siquiera en Estados Unidos. Me parece que su reflexión en torno a cómo ya entonces se entendía esa planificación en tanto "limitación" a la iniciativa privada, puede aplicarse perfectamente al caso chileno y santiaguino: "La falta de voluntad para establecer tales limitaciones, en el pasado, se han debido principalmente a dos hechos: la presunción de que todos los cambios de magnitud ascendente eran signos de progreso, automáticamente 'favorables a los negocios', y la creencia de que tales limitaciones eran esencialmente arbitrarias, en cuanto proponían 'disminuir la oportunidad económica' -esto eso, la oportunidad de obtener beneficios a través de la congestión- e interrumpir el inevitable curso del cambio. Ambas objeciones son supersticiones" (el destacado es mío).
Sin embargo, el análisis de este sociólogo e historiador tuvo también otra dimensión: indicar el amplio camino que tenía una historiografía de la ciudad y de lo urbano, hasta entonces limitada mayoritariamente a una línea de trabajo vinculada a la crónica. Dicho de otro modo: el aporte de Mumford a la historiografía y a las ciencias sociales, fue contribuir a situar a la ciudad como problema-pregunta, y no exclusivamente como compendio del repertorio de acontecimientos y anécdotas de un barrio o una ciudad. Evidentemente, el paso no fue automático e involucraba un cambio de enfoque y de paradigma, cuestión muy lenta la mayoría de las veces entre las ciencias sociales y la historiografía. Y es que la propuesta de Mumford equivalía a pensar la ciudad como un artefacto de numerosas dimensiones (estética y económica, por ejemplo), donde quizás la más esquiva era, precisamente, la cultura urbana. Esa cultura era compleja porque se situaba precisamente en una coyuntura donde el automóvil y el avión estaban cambiando las nociones de distancia, lejanía e integración social. En palabras del propio autor estadounidense: "La ciudad, en su sentido completo, es entonces un plexus geográfico, una organización económica, un proceso institucional, un teatro de la acción social, y un símbolo estético de unidad colectiva". De esta manera, Mumford contribuyó, desde Nueva York, a trazar las preguntas y metodologías que también se hacía el sociólogo Robert Park en Chicago y antes, su colega Georg Simmel. Podría indicarse incluso que esa cultura urbana era bastante similar a las propuestas de estudio de las "mentalidades" o "psicología colectiva" efectuada por la francesa Escuela de los Annales, aunque para sus estudios sobre historia medieval europea.
"La renovación del paisaje" es el segundo capítulo de Décadas oscuras, publicada originalmente en 1931.
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