Cuando se interviene a tiempo los accidentes de la erupción cesan a los pocos días, y al no hallar grandes obsstáculos, el molar acaba su evolución sin producir grandes trastornos, pero retrasando o interviniendo de mal modo, dando lugar como en el caso de que se trata a la formación de infartos en los ganglios, con fractura de maseteros, abscesos y otras complicaciones que dificultan y hasta imposibilitan la simple inspección ocular.
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