Desde la introducción de la adrenalina en la terapéutica este producto era utilizado exclusivamente en su estado de clorhidrato obtenido disolviendo la adrenalina básica en el ácido clorhídrico oficinal. A partir de 1921 se admitió que sustituyendo el ácido clorhídrico por el ácido sulfuroso se obtenía una solución de sulfito de adrenalina, tan soluble como pudiera serlo el clorhidrato, pero ofreciendo la particularidad de permanecer incolora. Teóricamente esta sustitución no presenta ningún inconveniente; sin embargo se han observado escaras subsiguientes a la aplicación de inyecciones masivas diluidas de adrenalina.
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