"Aprés nous, le dilluge (tras nosotros, el diluvio...)" O el infierno. Al menos, eso es lo que parecen querer gritar los alborotadores y vándalos que estos días atrás asolaban las barriadas marginales de las grandes ciudades francesas convirtiendo el país en una especie de gran tea simbólica, alimentada de demagogia, nihilismo, reivindicaciones, confrontaciones, incultura e injusticias históricas de muy diverso cuño.
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