La completísima agenda de Jorge Coira, que continúa alternando sus trabajos de dirección en cine y televisión, hizo que tras una agotadora jornada de rodaje nos pudiera atender telefónicamente desde Santiago de Compostela, incomparable marco, aunque suene a tópico, de esta cinta coral en la que todo lo que acontece de forma natural, espontánea. Una ardua labor de dirección y montaje que ha convertido este, aparentemente, proyecto de arte y ensayo en un collage de emociones tan diversas como los idiomas que escuchamos: castellano, inglés, macedonio y, por supuesto, gallego.
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