Jamás la monarquía inglesa había estado tan lejos de sus súbditos. Ni Isabel II (Londres, 1926) ni su familia ni quienes les rodean han sido conscientes de los cambios vividos en las Islas Británicas y por ello el respaldo a la corona apenas alcanza al 20 por ciento de los ciudadanos. Para dar la vuelta a esta pérdida de credibilidad, les ha venido como anillo al dedo la celebración de las bodas de oro del matrimonio Windsor, con el apoyo de toda la realeza europea. La monarquía inglesa se juega mucho en este reinado.
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