El privilegio exclusivo para navegar por buques de vapor en el río Magdalena, concedido por el Congreso de 1823 a Juan Bernardo Elbers, dio lugar a tantas controversias que puede afirmarse, fatigaron a presidentes, congresos y tribunales de justicia. De todo solo quedó una imprecisa estampa de la realidad, más desdibujada aun por los vaivenes de la pasión política.
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