Cabalga cabizbajo, sombrío y triste. Va por la calle principal de la ciudad y enfila hacia el ostracismo. Al encuentro con su muerte que la lleva encima desde varios años atrás. Qué inmensa soledad la suya, aunque lo rodean los edecanes y va en compañía de "varios oficiales, de un cuerpo de Granaderos de la Guardia y de su cocinera de siempre, Fernanda Barriga, a quien había llevado a Bogotá, desde su distante residencia de Quito", según nos lo dice el dinámico periodista y escritor Eleazar Pérez Peñuela.
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