Es maravilloso cómo la poesía despierta las emociones dormidas. Muchos años de vida costanera, de revolcarse en la arena, de bucear ostiones y almejas, de correr la ola tras el velamen roto, de sorprender la noche en la proa de una chalupa y de oír cuentos de abuelos capitanes, no habían logrado revelarnos con su inmensidad, su hondura, su ansia, su sal, su misterio, como en los pocos poemas -el mar- que nos leyera el poeta Gregario Aragón, viejo capitán que hostigado por los recuerdos desenrollara el polvoriento cuaderno de bitácora.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados