No sé si será por los años que estoy siguiendo, con cierta melancolía, la remodelación o, como dicen algunos, la urbanización del Campo de Boyacá. Me vinculé a ese histórico lugar en 1940, cuando ocupaba en el gabinete del presidente Eduardo Santos "cierto empleo", para usar el eufemismo de don Luciano Pulgar. Con los exiguos recursos de aquella época, valiéndomede traslados presupuestales, se sacó entonces al Campo de Boyacá de la situación de abandono en que se hallaba, convirtiéndolo en lugar decoroso para turistas nacionales y extranjeros.
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