La encuerada de Avándaro fue un suceso impresionante hace cuatro décadas. Hoy sería una niña más en el desfile de los impresos calientes, y en Internet la fresés absoluta. Pero entonces, la vigilancia gubernamental era implacable y más aún la sumisión de los medios, algo que demostraban cotidianamente quiénes eran “los soldados del Presidente”.
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