La política de juventud de la Direcció General de Joventut se inscribe en tres coordenadas: el reconocimiento de la tradición asociativo del movimiento juvenil (que ha sido un pilar en el mantenimiento de la identidad nacional catalana), la fuerte incidencia del paro entre los jóvenes y la novedad -y oportunidad- que supone la creación de instancias de la Administración que actúan al servicio de la juventud. En este contexto, y en continuidad con la trayectoria cívico-asociativa del movimiento juvenil, la acción de gobierno se encamina a potenciar el asociacionismo y la participación juvenil, tanto directa como indirectamente con la firme convicción de que una fuerte dinámica asociativo es fundamental para el bienestar social de nuestro país.-- Es necesario subrayar que esto presupone la firme decisión de fortalecer la sociedad civil, en la medida que no es misión de la Administración pública suplantarla, sustituirla o secuestrarla. El sujeto de toda política de juventud son los jóvenes, y no la Administración o su protagonismo. Más aún, el criterio último para valorar una política de juventud es calibrar si actúa al servicio de la participación juvenil o no. Esto no niega que la Administración pueda -y deba- ofrecer servicios (infraestructura, actividades...) siempre y cuando quede claro que están subordinados al objetivo de servir a la participación de los jóvenes y no tienen valor en sí mismos. En definitiva, se trata de posibilitar a los jóvenes ser sujetos activos de sus iniciativas y no receptores pasivos de los de la administración.
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