El repaso a la comunicación de las crisis sanitarias de los últimos treinta años sirve para comprobar que existen una serie de errores que se repiten: portavoces sin formación y sin habilidades de comunicación, mensajes ambiguos, ausencia de planes de comunicación de crisis e improvisación, que acaban transmitiendo mensajes alarmistas a la población y contribuyen a que las administraciones sean consideradas como sospechosas o de poca confianza. El escándalo del aceite de colza desnaturalizado, las vacas locas, la gripe A o el reciente caso de ébola son ejemplos claros de cómo no comunicar y ofrecen valiosas lecciones ante crisis futuras.
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