El abasto de frutas, verduras y otros bastimentos no demando, en general, un esfuerzo especial de infraestructura para su expendio. En la plaza principal o a través de las regatonas, se comercializaron los productos de diario consumo. Caso aparte presento el abasto de carne, por dos motivos principales: la necesidad de controlar las reses que se introducían y vendían - tanto por sus condiciones sanitarias como para evitar la practica del abigeato- y la necesidad de aumentar los ingresos de propios de la ciudad, mediante el cobro de un impuesto. El emplazamiento de los corrales y el matadero fue una de las preocupaciones fundamentales del gobernador intendente sobre monte, quien organizo una adecuada infraestructura para el abastecimiento y sus controles. Entre ellos se creó el cargo de mayordomo de corrales, quien debía llevar cuidadosa cuenta del ramo de corrales, que ingresaba a la cuenta de propios de la ciudad
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