Durante el periodo de la Guerra Civil española y coincidiendo con su fase de expansión industrial, la cinematografía mexicana dio muestras de interés por los acontecimientos que ocurrían en la península ibérica. A pesar de sus confusiones ideológicas y de moverse en terrenos más bien convencionales, películas como La gran cruz (Raphael J. Sevilla, 1937) o Refugiados en Madrid (Alejandro Galindo, 1938), ejemplifican las buenas intenciones de los productores y realizadores mexicanos por colocarse a la altura de las circunstancias que prevalecían en territorio español.
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