¿Y si educador y educando están privados de libertad? Esta fue la primera interrogante que surgió a la hora de vivenciar en un “cara a cara” una situación de encierro y proceso policial – judicial.
Un poco más de humanidad y menos estigma.
Esa fue la sensación que dejó todo el proceso vivido.
Cada adolescente transita y se configura diferente ante una situación de encierro; más aún previo a su dictamen final. Qué le queda a la Educación Social en el proceso y en el momento vivido con ese adolescente en particular en ese contexto. Difícil es dar una única y universal respuesta, si bien se observa una única y universal forma de proceder. Los años pasan, las situaciones mutan, los sujetos eligen y las instituciones… siguen operando en forma arcaica.
El presente artículo intenta desenredar una madeja de casi ochenta años, entre lo punitivo, el dolor y la protección de un adolescente desde la mirada de la Educación Social anclados en el Paradigma de Protección Integral.
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