La prevalencia de dolor en el paciente oncológico siempre se ha mostrado alta, no solo en las fases avanzadas de la enfermedad, sino también en estadios más precoces. A pesar de que estos pacientes siempre han presentado exacerbaciones temporales del dolor, hasta recientemente no se ha conseguido alcanzar un cierto consenso en cuanto a su definición. La presencia de dolor irruptivo se ha correlacionado con un incremento de trastornos emocionales y de la dependencia física, así como del gasto sanitario. La eficacia del tratamiento del dolor irruptivo depende de realizar una evaluación adecuada, administrar un tratamiento apropiado y mantener un seguimiento sobre los resultados del mismo. El tratamiento global del dolor en el paciente oncológico implica varias estrategias, incluyendo el tratamiento de la enfermedad subyacente, la modificación del tratamiento de base, la realización de intervenciones no farmacológicas y la utilización de la medicación de rescate adecuada.
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