El tema refleja sobre todo las cuestiones que en los últimos años más me han preocupado en razón de la progresiva importancia que ha ido cobrando el concepto de patrimonio, entendido como herencia de nuestros antecesores y legado a nuestros sucesores, y su problemática en relación a su estudio, disfrute y conservación. En consecuencia la moralidad pública es prioritaria, y se observa que está teniendo lugar un creciente deterioro en las instituciones que se deriva de la ausencia de unos códigos éticos profesionales redactados no desde el planteamiento de la corrupción actual y de la desconfianza, sino desde la toma de conciencia de los derechos de los ciudadanos, el servicio público y el objetivo común de la óptima gestión y administración de la propiedad colectiva.
A nadie se le oculta que, en definitiva estamos hablando de poder y dinero, y entre ellos debemos situar el mercado y la mercantilización de la cultura en la cual no sabemos qué lugar es el que ocupa y menos cuál es el que debe ocupar la Historia del Arte, disciplina que está en crisis por el progresivo anquilosamiento, la incapacidad de adaptarse a los nuevos modelos de gestión del patrimonioy sus dificultades de renovación para atender a las necesidades de la sociedad y establecer diálogos interdisciplinares.
La descatalogación de El coloso de Francisco de Goya y la “expertización” del retrato del conde de Kaunitz, en ambos casos por parte del Museo del Prado y con motivo de una exposición temporal que en principio se enunciaba como una muestra temática conmemorativa del Bicentenario del inicio de la Guerra de la Independencia, sin que se haya actuado con rigor, ni se haya seguido protocolo científico alguno, sirviéndose de los medios de comunicación como escenario para el debate, pone de manifiesto el alcance del problema y la necesidad de una reflexión compartida entre los profesionales de la Historia del Arte y los responsables políticos que rigen los destintos de las instituciones públicas.
This talk looks at the growing importance of the notion of heritage, understood as an inheritance received by us from our ancestors and passed down by us to subsequent generations, and of the issues that that poses for its study, enjoyment and conservation. As a consequence, the state of public morality is a foremost concern. It can be seen in the worsening deterioration of institutions resulting from the lack of professional codes of ethics written not on the basis of current corruption and distrust, but out of a keen awareness of the rights of citizens, public service and the shared objective of optimal management and administration of collective property.
It is of no surprise to anyone that power and money frame the marketplace and the mercantilization of culture. This poses questions about the place and role of Art History, a discipline now facing crisis as a result of progressive stagnation, an inability to adapt to new models for managing heritage, and its difficulties in transforming itself to address the needs of society and engage in interdisciplinary dialogues.
The Prado Museum’s de-attribution of Francisco de Goya’s The Colossus and its “expert” assessment of the portrait of Count Kaunitz-Reitberg, in preparation for a temporary exhibition initially intended to commemorate the bicentenary of the outbreak of the Peninsular War, did not follow any scientific protocol whatsoever; rather, it used the media as a stage for the debate. These events point to the state of the problem and the need for shared reflection among professionals in Art History and the political authorities in charge of our public institutions.
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