La historia muestra que las migraciones son más frecuentemente el resultado de relaciones de fuerza, entre los hombres mismos y entre los hombres y la naturaleza, antes que la expresión de un real intento de gestión política de la pertenencia de los hombres a una tierra común. Las relaciones entre América del Sur y Europa no escapan a esta lógica, ya sea que se trate de la forma antigua más dura de migración de conquista de América del Sur por Europa o de una forma más reciente, cuya suavidad es solo aparente, como es la migración de exilio a veces por refugio y otras por necesidad, de América del Sur hacia Europa.
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