Da la impresión Loyola de Palacio de ser una mujer áspera, dura, intratable e insoportable. Y resulta, luego, que es justamente lo contrario. Tras las apariencias externas se oculta una mujer llena de dulzura, de cariño, de comprensión. Lo que sí es cierto es que tiene un ritmo de trabajo insoportable, que agota a sus colaboradores, que no se arredra ante problema o dificultad alguna. Como parlamentaria ya dio pruebas, en sus años de oposición al gobierno socialista, que es firme y contundente. Por mucho que se metieran con ella, respondía con presteza, repentizando y con vehemencia. Una mujer de carácter, en suma, llena de bondad, en curioso y aparente contrasentido...Y si no, que pregunten en Bruselas.
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