Me ha pedido el editor que escriba unas palabras acerca del sentido de la poesía en nuestro tiempo. Es un asunto este que en "La Doma del Elefante" (Renacimiento, Sevilla, 2008), traté de sujetar, proponiendo allí una aporía en apariencia irreductible y que enunciaré aquí de manera muy simple: si la poesía es, como quiere la tradición, una suerte de experiencia religiosa o al menos extática (Juan de la Cruz), o de contacto con la Otredad (Octavio Paz), o con la Diosa y su misterio (Robert Graves), ¿cómo puede darse dicha experiencia desde una óptica no creyente? Y, hoy, ¿cómo puede salirse uno de sí mismo y seguir siendo ese uno, y al tiempo no perder la razón?
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