El dolor puede definirse como una experiencia sensorial y emocional desagradable, que el sujeto asocia a una lesión real o potencial de algún tejido. Es decir, el dolor es una experiencia compleja y, por tanto, tiene una constitución múltiple. En España un 15-20% de los pacientes que acuden al médico, lo hace por este motivo; en el caso de los ancianos, el porcentaje supera el 30%. Existe una amplia variedad de fármacos susceptibles de ser utilizados para la prevención o el alivio del dolor, que actúan a través de mecanismos muy diversos, aunque en esta ocasión, solo son revisadas las características farmacológicas específicas sobre los más habitualmente utilizados en clínica: analgésicos y antiinflamatorios no esteroídicos (AINE), analgésicos y antiinflamatorios tópicos, y analgésicos opioides, en dolor agudos y crónicos.
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