Juan Aparicio Belmonte y yo nos conocemos desde hace muchos años, y es inevitable tener pequeñas mal llamadas complicidades. Cuánto nos hemos reído desde los tiempos en que ambos, aunque de un modo muy distinto, participábamos en el teatro de la Facultad de Derecho en la Complutense... O cuando escribíamos poemas, a cuál más ditirámbico, bajo los efectos del alcohol y el fervor literario.
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