En el presente trabajo se intenta ilustrar con ejemplos de la historia y de la actualidad constitucional de América Latina la paradójica actitud de no pocos juristas y políticos latinoamericanos que simultáneamente profesan una fe inconmovible en el poder de conformación social del ordenamiento jurídico a la vez que aceptan su precaria eficacia. La Constitución se convierte en un mito político y la impunidad en sinónimo de poder. En tales condiciones, parece aventurado establecer una relación causal entre orden constitucional y democracia. Sólo una política jurídica que tome en serio los derechos y deberes constitucionales podrá quizás revertir esta situación. Desgraciadamente la probabilidad de que tal sea el caso a fines del siglo XX es menor que a comienzos de la centuria.
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