Si abordáramos de manera más o menos imprevista a los habitantes de cualquiera de nuestras ciudades, nos podríamos dar cuenta que a casi nadie le interesa mucho que le hablen ni que le pregunten por la participación. Al común de los habitantes este concepto les suena a obligación, participar tiene una relación directa con hacerse responsable, destinar tiempo o energías a organizar, preparar, etc ... temas de los cuales la mayoría de la gente suelen escabullirse.
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