Firme en el aspecto personal pero débil en cuanto a su credibilidad, Rafael Vera sólo admite haber autorizado el fallido secuestro de Larretxea, una conducta que encaja difícilmente con la absoluta ignorancia que alega respecto de la odisea sufrida por Marey, caso en el que Julián Sancristóbal se ha convertido en el principal testigo de cargo.
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