Con mal pie ha empezado la precampaña electoral del PP. Sobre todo en economía, un área que el Gobierno consideraba su mejor carta electoral. Y es que, tras dejar esta semana aprobados, a la carrera y en solitario, los PGE 2016 antes de convocar las generales, el jarro de agua fría ha llegado de donde menos se esperaba: de Bruselas. Ni siquiera los denodados esfuerzos de los poderosos aliados comunitarios de Rajoy han logrado frenar las duras críticas de la Comisión a unos Presupuestos que, de esta forma, ya nacen como papel mojado, al obligar a más ajustes, cuestionando los logros económicos del Ejecutivo.
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