El sorprendente desarrollo de la República Popular China en las últimas décadas sin seguir los cauces que el mundo occidental ha establecido para el progreso de las sociedades humanas desde el siglo XIX, ha provocado en el segundo interpretaciones diametralmente opuestas, que abarcan desde la aceptación acrítica al reproche desdeñoso. Ambas, sin embargo, son ilustraciones de lo que Edward Said denominó orientalismo. Además, en cierto modo, vienen a reproducir, aunque a la inversa, actitudes como los que originaron en la inteligencia europea las llamadas sociedades salvajes. Aquellas fueron equiparadas a nuestro pasado más remoto; la China de hoy comienza a ser concebida como el preludio vivo de nuestro futuro próximo. Este artículo, centrado en temas políticos y en el cambiante eje de la hegemonía mundial, intenta analizar críticamente las realidades chinas a través de tales interpretaciones.
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