México
Hace diez años debatía en un aula de la Universidad de Barcelona con mi estimada profesora Ma. Jesús Buxò, ella desde una postura esencialista, y yo accionalista convencida, testaruda e inclaudicable. Ma. Jesús no sólo tenía más lecturas, estudios y experiencia que yo, ahora creo que estaba más próxima a la realidad su versión que la mía. No creo en el determinismo a ultranza de cierto sociobiologicismo, por supuesto; pero cada vez estoy más convencida de que no sólo el medio ambiente, la educación y la cultura moldean la figura humana sexuada, hay algo más.Lo que desearía traer a colación ahora no es tanto la diferencia de modelos teóricos, sino de perspectivas o enfoques del feminismo victimista a un feminismo optimista, actuante y esperanzado.Un ejemplo: “¿La mujer? Es muy sencillo, dicen los aficionados a las fórmulas simplistas: es una matriz, un ovario; es una hembra, y basta esapalabra para definirla”, dice Simone de Beauvoir al iniciar el tomo uno deEl segundo sexo (1985:29), mientras que por su parte Helen Fisher comienza el primer capítulo de su obra El primer sexo: “Dios creó a la mujer. Y el tedio cesó en verdad desde ese momento.
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