Se agotan los calificativos para el escándalo Volkswagen. 11 millones de vehículos afectados, un consejero delegado dimitido fulminantemente, una de las mayores compañías del sector que pierde en dos días casi la mitad de su valor en Bolsa y prevé serias consecuencias en sus cuentas. El fraude del software trucado de VW no sólo ha generado un violento tsunami en el sector automovilístico internacional, sino que se está convirtiendo en todo un asunto de Estado para algunos países.
Como España, donde el grupo había anunciado más de 4.200 millones de euros de inversiones –gran parte de ellas en Cataluña–, que el Ejecutivo quiere “amarrar”, aún a costa de rebajar el tono y evitar investigaciones embarazosas sobre la implicación de SEAT.
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