Cada persona, como sombra, lo persiguen sus sueños; los sueños frustrados con mayor terquedad que los realizados. Hay quienes acceden a ser poseídos por sus ilusiones, pero por desgracia también hay quienes se resisten a soñar; en la actividad educativa tienen efectos calamitosos que se vuelva hegemónico el espíritu pragmático y estrecho renuente a las grandes aspiraciones.Mediante un complejo sistema, los países también llegan a verse invadidos de impulsos por alcanzar grandes metas y, por ello, podemos reconocerles una capacidad para soñar; capacidad que no abunda en nuestro tiempo.
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