Los retos que en materia de productividad y competitividad enfrenta el país sólo pueden superarse con la formación y generación de infraestructura y personal más capacitado; por ello debe concederse a la educación de los jóvenes especial importancia, principalmente en las áreas científica y tecnológica. La actividad educativa constituye la mejor inversión en capital humano y, además, potencializa la capacidad de resolución de los principales problemas nacionales.A nivel internacional, los cambios científicos y tecnológicos se han sucedido con vertiginosa intensidad y rapidez; sin embargo, en México, la necesidad de apoyo al desarrollo de las actividades científicas y tecnológicas comenzó a reconocerse a partir de la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en 1970, y el Programa Nacional de Desarrollo Tecnológico y Científico, en 1984, así como la puesta en marcha del Programa para la Modernización Educativa 1989-1994.
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