En términos generales, se ha asumido que una política industrial dirigida al mercado externo, es superior a una orientada hacia el mercado interno, debido a que genera un sistema de incentivos más efectivo, a que la competencia estimula la eficiencia productiva, y a que las ganancias derivadas de la eficiencia del comercio se asocian a un mayor valor agregado y permiten una mayor capitalización de las empresas, lo cual estimula el crecimiento.Aunque el despegue sudcoreano inició en 1964, después de cambiar la estrategia de industrialización orientada a la sustitución de importaciones, por una nueva orientación hacia las exportaciones, se puede decir que este cambio en la organización industrial no significó su incursión en un régimen de libre comercio; al contrario, ocurrió al amparo de un estado fuertemente intervencionista, que promueve activamente las exportaciones e interviene en un gran nú- mero de mercados, incluyendo los financieros (Park, 1988: 339-40).
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