Las impresionante pinturas rupestres de la cueva de Altamira han tenido que hacer frente al deterioro natural desde el momento mismo de su creación. Recientes estudios, sobre los pigmentos con los que se ejecutaron las famosas figuras de la Sala de los Policromos, han utilizado la Espectroscopía Raman, una técnica mínimamente invasiva que ha permitido el trabajo in situ y cuyos datos certifican los resultados obtenidos en los análisis previos realizados sobre muestras de restos de pigmentos hallados en el yacimiento arqueológico de la cueva. Esta técnica ofrece, además, datos relevantes que nos ayudan a entender el gran elenco de metodologías analíticas que se pueden utilizar para conocer algunos de los principales agentes de degradación presentes en la cavidad, como puede ser el biodeterioro provocado por bacterias asociadas a la formación de veladuras de carbonato cálcico o por aquellas que se alimentan del oxido de hierro con el que se fabricó la pintura, siendo éstas, uno de los grandes males que afectan a la cueva de Altamira y que ha llevado a su cierre continuado en los últimos años
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