En estos inicios del siglo XXI no sería exagerado afirmar que la cosmología se encuentra en una verdadera edad de oro. Para esta disciplina, que durante tanto tiempo ha vivido en los aledaños de la ciencia, la concesión de 2006 del Premio Nobel de Física a dos de sus cultivadores, John Mather y George Smoot, ha supuesto el reconocimiento explícito del valor de sus postulados. Hoy en día, el estudio del origen y la estructura del universo parecen haber abandonado definitivamente la senda de lo especulativo para convertirse en una ciencia de precisión.
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