En el fin de siglo XX asistimos a un cambio general cuyo origen puede situarse básicamente en el momento en que las aplicaciones de la ciencia invaden las actividades humanas. Nada escapa a ello: las nuevas fuentes de energía, la automatización y la organización científica de la agricultura y las manufacturas, los transportes, la exploración del espacio, la salud, las costumbres. La responsabilidad principal de la mutación se atribuye a las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, que transforman las condiciones de captura, memorización, tratamiento, presentación y transmisión de la información y rozan con el conocimiento y su utilización.
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