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La proporción áurea

  • Autores: Ángel Gutiérrez Tapia
  • Localización: Manual formativo de ACTA, ISSN 1888-6051, Nº. 42, 2006, págs. 77-84
  • Idioma: español
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  • Resumen
    • Si hubo un pueblo en la Antigüedad obsesionado por la belleza, ese fue, sin lugar a dudas, el griego. Las ciudades-estado raramente paraban de combatir entre sí, y no era muy extraño que las alianzas entre unas y otras mudaran dependiendo de si el viento soplaba más fuerte desde Atenas o desde Esparta. En verdad, pocas cosas unían realmente a todos los habitantes de la convulsa Hélade. Una de ellas eran las Oplimpiadas -que suponían una de esas raras ocasiones de paz-, y otra era la apreciación de lo bello, en su sentido más amplio: la belleza del cuerpo humano, la de la naturaleza, la de la arquitectura, la escultura u otras formas de arte... Por eso, no es de extrañar que los griegos adoptaran como suyo algo que ya conocían los antiguos egipcios, según verificó el gran matemático Herodoto. Éste se dio cuenta de que había una proporción determinada entre elementos que definían las facetas de las pirámides y que, en dicha proporción, quizá pudiera estar oculto el secreto de su perfecta armonía y su increíble belleza. Me refiero a la proporción áurea, también llamada sección o razón áurea, o divina proporción; nombre este último que se atribuye a Leonardo da Vinci, estereotipo, como pocos, de genio artístico renecentista.


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