A finales del siglo XV un viento de renovación venido de Italia llegó a España. Nuevas ideas traían nuevos modos de interpretación artística, el genio individual se sobreponía al colectivo. Se inicia un proceso de ruptura con los ideales formales del siglo XV. En el proceso de transformación de la cultura española Miguel Ángel permanecía como punto de continua referencia. La admiración que Arias Montano, una de las personas más allegadas a Felipe II, tenía por el artista florentino es un hecho. Seguían construyéndose las grandes catedrales al mismo tiempo que los primeros edificios del ranacimiento. Aquellas iban quedando incompletas y se suplía la construcción gótica, un estilo en eminente decadencia, con una exagerada profusión de ornato. Se procedía como si este tuviese por sí mismo un valor independiente de la construcción. La influencia de la arquitectura grecorromana iba creciendo por días aunque las medidas y proporciones antiguas no eran exactamente observadas, y las artes auxiliares de la arquitectura se sobreponían al arte principal. Surgió un verdadero estilo de transición, rico en decoraciones que en Castilla se llamó Plateresco y en Portugal Manuelino.
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