La Antártida es el mayor espacio aislado continental del planeta que permanece inalterado por intervenciones directas, por lo que es el ámbito idóneo para servir de base experimental en la elaboración de modelos de procesos ecológicos y en la explotación y descripción de elementos bióticos y abióticos. La postura española apoya decididamente la protección ecológica global de la Antártida y no se adhiere a la convención de Wellington, aprobada en 1988, para la regulación de las actividades mineras en el continente helado. Esta posición se basa en el informe final de la Comisión del Programa Nacional Antártico, que destaca que la disminución de ozono y de la cobertura de hielo por el efecto invernadero son dos de los argumentos de interés científico que aconsejan la atención medioambiental de la zona.
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